La primera denuncia parecía una broma: un hombre con máscara de cerdo, parado en una esquina, mirando. La segunda, también: un hombre con máscara de conejo, con un bate, mirando. Para la cuarta, ya nadie se reía. Los vecinos de Los Santos empezaron a hablar de una misma figura, y los testigos más asustados aseguran algo que este diario no puede confirmar: que no es un hombre disfrazado, sino algo que adopta la forma de personas comunes.
Lo vieron con máscaras de animales, con mameluco, con ropa de trabajo, con gorro de lana de traje cruzado a rayas, como si fuera a una gala, y hasta con casco, chaleco táctico y uniforme de combate, como si fuera a una guerra. En esa última versión, dos testigos que no se conocen entre sí describieron el mismo detalle: los ojos le brillaban en rojo. Días después apareció con antiparras, un casco con punta y una sonrisa de payaso pintada de oreja a oreja. “Fue el único que se rió”, contó el testigo. “Y fue peor”. Cada testigo lo describe distinto, y ninguno logró decir a quién pertenecen esas caras. “Juro que era mi vecino. Después me di vuelta y mi vecino estaba en su casa”, contó una mujer que pidió no ser identificada, y que desde entonces no abre la puerta sin preguntar dos veces.
Hasta el momento, la figura no atacó a nadie. No robó, no amenazó, no habló. Aparece, mira y se va. Esa calma es, justamente, lo que más inquieta. Porque lo que sí dejó fueron rastros: las pericias forenses sobre la sangre hallada en los lugares por donde merodea confirmaron que las muestras pertenecen a distintas personas, sin coincidencia entre ellas. Nadie denunció heridos. La pregunta es obvia y nadie la contesta: si no lastimó a nadie, ¿de quién es esa sangre?
Hay un solo detalle en el que todos coinciden: cerca de cada avistamiento aparece un enorme camión cisterna oxidado, de aspecto postapocalíptico, que no se parece a ningún vehículo de la ciudad. Nadie lo vio cargar combustible. Nadie lo vio descargar. Nadie sabe qué lleva adentro.
Consultado por este diario, el LSPD reconoció las denuncias y admitió que “no existe un protocolo para identificar a alguien que cambia de cara”. Pidió a los vecinos mantener distancia y reportar de inmediato cualquier avistamiento del camión o de personas con actitudes anómalas. La Intendencia, por su parte, aseguró que “no descarta ninguna hipótesis”. La oposición preguntó si el Polimorfo figura en el padrón y, en ese caso, cuántas veces.
Si usted lo vio, no se acerque. Avise al LSPD o escriba a esta redacción. Y si lo vio dos veces, cuéntenos con qué cara.