La Policía de Los Santos inicia una nueva etapa con Tyler Hayes, de 30 años, como Jefe de Policía y Logan Cooper, de 32, como Jefe Adjunto, dos nombres que hasta hace poco eran mucho más conocidos en oficinas de investigación que en actos protocolares. La dupla llega al mando después de una de las peores crisis internas que atravesó el LSPD en los últimos años y con una promesa, todavía bastante difícil de medir, de no repetir los mismos vicios de la conducción anterior.
Hayes hizo carrera entre investigaciones, Tránsito y Asuntos Internos, donde terminó ganándose una reputación particularmente incómoda para ciertos mandos. Cooper, en cambio, mantiene un historial bastante menos transparente para el público. Su nombre aparece desde hace tiempo vinculado al FIB, y fuentes policiales aseguran que trabajó estrechamente con la agencia durante la investigación que terminó derribando a la antigua cúpula del departamento. Algunos rumores incluso sostienen que Cooper habría ocupado —o todavía ocuparía— algún tipo de cargo dentro del organismo federal. No existe confirmación pública y, como es costumbre cuando las preguntas empiezan a ponerse interesantes, nadie involucrado parece tener demasiadas ganas de contestarlas.
Lo que sí se conoce es que Hayes y Cooper trabajaron juntos durante el caso de corrupción policial que terminó arrastrando a buena parte de los niveles superiores de la fuerza. El anterior Jefe de Policía, el Jefe Asistente, el Jefe Adjunto, el Comandante y otros oficiales jerárquicos fueron separados de sus cargos después de que distintas investigaciones revelaran irregularidades, encubrimientos y redes de protección dentro del propio departamento.
La edad de los nuevos jefes tampoco pasó desapercibida. Entre ambos apenas superan los sesenta años, algo que varios veteranos del LSPD consiguen hacer perfectamente solos. Sus críticos cuestionan que dos oficiales relativamente jóvenes tengan ahora la responsabilidad de reconstruir una fuerza completa; sus defensores responden que después de lo ocurrido quizás veinte años participando de la vieja estructura no sea exactamente la credencial que conviene exhibir.
La nueva conducción no designará, al menos por ahora, a ningún Jefe Asistente, dejando vacante uno de los cargos que históricamente formaba parte de la cúpula superior. La medida fue interpretada dentro del departamento como un intento de reducir el tamaño de la conducción y concentrar responsabilidades, aunque otros ya anticipan que probablemente sea cuestión de tiempo hasta que algún despacho descubra que extraña tener otro despacho por encima.
En una de sus pocas apariciones públicas desde la designación, Hayes y Cooper agradecieron al alcalde Cristian Argento por haber depositado en ambos la responsabilidad de conducir el LSPD. La fotografía de los tres juntos no tardó en generar comentarios, especialmente porque Argento tampoco es precisamente un desconocido para quienes disfrutan siguiendo las páginas políticas de este diario. Desde la Alcaldía insisten en que la elección respondió exclusivamente a la necesidad de renovar una institución golpeada por la corrupción y recuperar la confianza pública.
La dupla también realizó uno de sus primeros nombramientos importantes: Santiago Varela, de 38 años, fue designado Comandante del LSPD. Su elección responde, según fuentes cercanas a la nueva conducción, a una razón bastante sencilla: Varela pertenece al reducido grupo de oficiales jerárquicos cuya carrera logró atravesar los últimos años sin quedar salpicada por las investigaciones contra la antigua estructura. Cuenta además con una trayectoria extensa en investigaciones criminales y formación universitaria en Derecho, profesión que ejerce como abogado. Su nombramiento parece buscar justamente eso: incorporar experiencia policial y operativa a una conducción que llega con un fuerte perfil investigativo y reformista.
A ese proceso de reorganización se suma, sin embargo, un problema mucho menos elegante y bastante más inmediato. Por dificultades de financiación, el alcalde Argento instó al cese de operaciones del Blaine County Sheriff's Office (BCSO), dejando al LSPD con la responsabilidad de cubrir una extensión territorial mucho mayor de la habitual. En la práctica, Hayes y Cooper deberán reorganizar patrullajes, tiempos de respuesta y distribución de personal para sostener presencia policial tanto en Los Santos como en sectores de Blaine County con una sola fuerza operativa. Para una jefatura que recién está acomodando escritorios, rangos y cadenas de mando, tener que patrullar media isla con la misma cantidad de policías no parece precisamente el mejor regalo de bienvenida.